Hay algo absurdo en esta industria y es la cantidad de palabras vacías que se repiten como un mantra cada vez que se habla de un juguete. «Silicona de grado médico», “ultrapotente», “sumergible», “silencioso», «tecnología revolucionaria»…
Y muchas veces quien las dice ni siquiera ha tocado el producto.
Durante años, el gran comodín fue lo de la silicona de grado médico. Ahora parece que la moda ha cambiado y de repente todo es “silicona líquida”. Pero ese es otro melón que dejaré para otro día, porque los que me conocéis ya sabéis como me pongo con ciertos temas de esta industria.
Sin embargo, hay algo muchísimo más importante a la hora de elegir un producto y de lo que casi nadie habla: los motores y la calidad real de la estimulación.
Y lo más curioso es que muchas veces ni siquiera los propios asesores de productos eróticos lo tienen realmente en cuenta cuando recomiendan un juguete, aunque se les llene la boca de conceptos como «productos saludables», «sexualidad consciente aplicada a la juguetería» o “placer responsable». Porque está claro que el marketing no es solo propiedad de las marcas.
La razón por la que quería escribir sobre esto es muy simple: dos juguetes pueden tener exactamente la misma intensidad y sentirse completamente distintos en el cuerpo.
Porque el placer no depende únicamente de cuánto vibra un producto. La clave está en cómo vibra.
Lo primero que quiero dejar claro es que no soy ingeniero ni pretendo sentar cátedra. Pero sinceramente creo que, si te dedicas a este sector o simplemente consumes este tipo de productos, hay ciertos conceptos básicos que merece la pena entender.
Porque cuanto más conoces cómo funciona realmente la estimulación, más fácil es distinguir entre un producto bien diseñado… y otro sostenido únicamente por marketing.
La idea de este artículo no es convertir esto en una clase técnica, sino ayudaros a entender mejor cómo se siente cada tipo de estimulación y por qué dos juguetes aparentemente similares pueden ofrecer experiencias completamente distintas.
Vibración
Si hablamos de juguetería erótica, la vibración sigue siendo el sistema de estimulación más utilizado dentro de la industria. Y eso no ha cambiado ni siquiera ahora que el mercado está lleno de nuevas tecnologías, aire pulsado, movimientos automáticos y todo tipo de inventos cada vez más complejos.
La realidad es mucho más compleja que todo eso. A la hora de elegir un producto también hay que entender cómo se transmite esa vibración y como la puede recibir el cuerpo.
Pero lo que tampoco parece que haya cambiado demasiado es la forma de valorar un producto: es potente o no lo es. Y sinceramente, reducirlo todo únicamente a la potencia es probablemente uno de los mayores errores de esta industria.
Porque la realidad es bastante más compleja. A la hora de elegir un producto no solo importa cómo de fuerte es, sino cómo transmite esa vibración y cómo la recibe el cuerpo.
Estimulación superficial vs profunda
Todo el mundo, dentro y fuera de esta industria, habla de “potencia” como si fuese la característica más importante. Y no.
Un motor puede ser tremendamente potente y aun así generar una estimulación superficial, escandalosa y bastante vacía. Esa típica vibración que impacta muchísimo al principio pero que a los pocos minutos empieza a cansar, adormecer o simplemente saturar la zona estimulada.
Y también puede ocurrir justo lo contrario: productos que sobre el papel parecen menos agresivos, pero generan una estimulación mucho más profunda, envolvente y placentera sin saturar la zona estimulada.
La diferencia entre ambas sensaciones depende de muchos factores físicos y de diseño, no únicamente de una sola cosa:
- el tipo de motor
- la frecuencia de vibración
- la transmisión de la energía
- los materiales
- la forma del producto
- o incluso cómo se adapta al cuerpo.
Porque no todas las estimulaciones interactúan igual con el tejido. Algunas parecen quedarse “rebotando” sobre la superficie de la piel, mientras que otras se sienten mucho más internas, limpias y constantes.
Y seguramente, si alguna vez has comprado uno de esos juguetes exageradamente baratos que inundan ciertas webs generalistas, ya sabes perfectamente de qué tipo de sensación estoy hablando.
Lo complicado de todo esto es que ni siquiera existen términos claros en español para describirlo. En inglés suelen utilizarse conceptos como buzzy para las vibraciones más superficiales y rumbly para las más profundas. Pero ni traducirlos literalmente ayuda demasiado, así que al final acabamos hablando simplemente de estimulación superficial o profunda, que en definitiva es exactamente cómo se sienten.
Y quizá aquí empieza uno de los mayores errores de esta industria: confundir potencia con lo que yo llamo la calidad de la vibración.
Tipos de motores
Ahora que más o menos sabemos cómo se pueden sentir las diferentes estimulaciones, lo interesante es saber por qué sucede esto. Y aquí ya entramos en la parte más técnica.
Desde fuera, muchos juguetes parecen hacer exactamente lo mismo, pero la realidad es que existen diferentes tecnologías, sistemas de vibración y formas de transmitir la energía al cuerpo. Y sinceramente, algunas están muchísimo más logradas que otras.
Motores rotatorios
Son los más usados y los responsables de la vibración clásica que casi todo el mundo ha probado alguna vez.
Funcionan mediante un pequeño contrapeso que gira rápidamente y genera la vibración. Son baratos de fabricar, fáciles de implementar y pueden llegar a ofrecer muchísima potencia.
El problema es que, dependiendo de la calidad del motor y de cómo esté integrado dentro del producto, el resultado puede sentirse mucho más limpio… o bastante más ruidoso y brusco. Como cuando vibra un teléfono y la carcasa ya está dada de sí y no encaja exactamente como debería.
Y no, esto no quiere decir que sean peores que otros tipos de motor. Intentaré esforzarme muchísimo durante toda está entrada para resultar neutral… pero no os puedo prometer mucho.
Prácticamente todas las marcas utilizan motores rotatorios en gran parte de sus catálogos. No obstante, una de las mayores diferencias entre muchos productos premium y otros mucho más económicos está precisamente en cómo se siente esa vibración.
Normalmente hay varias pistas bastante fáciles para detectarlo:
- El ruido que produce.
- La vibración que transmite a la mano.
- La sensación de “golpeteo” interno que algunos juguetes producen una vez encendidos.
- El típico hormigueo superficial que algunos productos dejan en la zona tras unos minutos de uso.
Todo esto, sobre todo el último, suele encontrarse con bastante regularidad en gamas más bajas y precios especialmente económicos.
Motores lineales
Este tipo de motor no se utiliza con demasiada frecuencia y precisamente por eso sigue siendo bastante desconocido para la mayoría de los profesionales del sector. Pero aquí es donde empezamos hablar de gamas mucho más premium.
A diferencia de los motores rotatorios tradicionales, los lineales no funcionan mediante un contrapeso girando continuamente. En su lugar, generan la vibración mediante movimientos lineales de vaivén mucho más controlados y precisos, lo que hace que la sensación final sea completamente distinta.
La estimulación se siente mucho más limpia, profunda y uniforme. En lugar de percibirse simplemente como un objeto “temblando”, la sensación es más envolvente, constante y menos agresiva.
También es importante destacar que este tipo de motor suele transmitir menos vibración residual a la mano, hacer menos ruido y responder muchísimo mejor en intensidades bajas. Y esto es más importante de lo que parece, porque muchos juguetes baratos solo saben funcionar de dos maneras: o no hacen prácticamente nada o intentan reiniciarte el sistema nervioso.
Otra de las grandes diferencias está en la saturación de la zona estimulada. Los motores lineales, al ser menos agresivos, permiten prolongar el juego durante más tiempo, precisamente porque la vibración se siente menos superficial y más profunda.
Y aquí aparece algo bastante curioso: productos que parecen menos salvajes al principio muchas veces terminan permitiendo mucho más juego, incluso después del orgasmo, porque el cuerpo no queda tan saturado.
Y aquí es también donde mucha gente se confunde. La primera vez que pruebas un motor lineal es bastante habitual pensar que “vibra menos” o que incluso resulta más flojo. Pero no necesariamente.
Lo que ocurre es que desaparece gran parte de ese “ruido” superficial al que mucha gente está acostumbrada y la estimulación empieza a sentirse de una forma mucho más interna y envolvente.
Porque, al final, una estimulación profunda no siempre parece más agresiva… pero sí suele sentirse mucho más intensa.
La famosa “succión” que realmente no succiona
Fue en 2014 cuando apareció una nueva tecnología inspirada, curiosamente, en los sistemas de oxigenación de algunos acuarios y supuso un cambio en la industria para siempre.
Al principio no se entendía esta nueva tecnología, pero poco a poco la vibración empezó a pasar a un segundo plano. Rápidamente empezaron a aparecer productos capaces de estimular sin contacto mediante pulsaciones de aire, ondas de presión y sistemas que ofrecían sensaciones completamente distintas a lo que el mercado estaba acostumbrado.
Cada marca utilizó sus propios nombres y variaciones técnicas (aire pulsado, ondas sónicas, presión de aire, estimulación de pulsos,…) pero eran nombres tan técnicos que finalmente acabaron siendo conocidos simplemente como “succionadores”.
Pero aún así el nombre llevaba a confusión, porque en realidad estos productos no succionan. A pesar de lo que muchos siguen pensando, no crean un vacío, sino pequeñas pulsaciones de aire alrededor del clítoris generadas mediante cámaras internas y sistemas de presión bastante más complejos de lo que parecen desde fuera.
Y aquí es donde vuelve a aparecer exactamente el mismo problema del que llevo hablando durante todo el artículo: dos productos pueden parecer similares sobre el papel y en cambio sentirse completamente distintos en el cuerpo.
Cámaras de aire y sistemas de presión
Mucha gente piensa que todas las marcas o todos los modelos se sienten iguales simplemente porque utilizan aire pulsado. Pero, otra vez más, no es así.
Aunque desde fuera muchos puedan parecen similares, internamente existen enormes diferencias técnicas que hacen que esas pulsaciones de aire se sientan totalmente distintas, cambiando por tanto la sensación final.
Algunos sistemas utilizan cámaras de aire mucho más simples, donde las pulsaciones llegan al cuerpo de una forma más directa y agresiva. El resultado suele sentirse más inmediato, intenso y localizado.
Otros, en cambio, utilizan cámaras más complejas o incluso doble cámara y sistemas de presión más refinados que ayudan a regular mejor el flujo de aire. La sensación normalmente resulta más progresiva, envolvente y menos brusca.
Y aquí vuelve a aparecer exactamente el mismo concepto del que os hablaba antes: una sensación más agresiva no significa que sea una mejor estimulación.
De hecho, muchos sistemas más bruscos impresionan enormemente durante los primeros segundos, pero con casi toda seguridad acabarán saturando la zona de forma rápida. Mientras que otros sistemas aparentemente más suaves o sutiles permiten sesiones más largas, más controladas y por tanto con total seguridad más placenteras.
Y por supuesto, el marketing no tardó en aprovechar todo esto. La llegada de esta tecnología dio lugar a una guerra entre marcas y el mercado se llenó de términos cada vez más pomposos, promesas de ser los más rápidos y efectivos (como si eso fuese lo mejor) y supuestas innovaciones revolucionarias que muchas veces tampoco significaban demasiado.
Pero igual que ocurre con los motores, la clave no está únicamente en el nombre de la tecnología, sino en cómo está implementada y cómo termina sintiéndose realmente en el cuerpo.
Otras formas de estimular
Pero no solo de vibración y “succión” vive la industria, y menos últimamente. Cada vez más marcas se suben al carro de la innovación intentando encontrar nuevas formas de estimular y diferenciarse del resto.
Movimiento de empuje, sistemas oscilantes, rotación, golpeteo, pulsación, efecto lengua, contracción e incluso motores con tecnología háptica… el mercado está lleno de diferentes tecnologías que intentan ofrecer nuevas formas de proporcionar placer alejándose un poco de lo clásico.
Algunas realmente aportan cosas interesantes. Hay productos y marcas que consiguen sensaciones muy distintas y experiencias bastante mejor resueltas de lo que mucha gente imagina.
Pero también es cada vez más frecuente encontrarse productos llenos de funciones, motores y sistemas diferentes que en realidad solo sirven para rellenar espacio en la caja y crear la sensación de que “hacen muchas cosas”.
Porque aquí vuelve a aparecer exactamente el mismo problema del que llevamos hablando durante todo el artículo: no importa tanto el numero de motores ni lo innovadora que parezca una tecnología, sino su implementación y la forma en la que se siente.
Al final, una idea interesante mal ejecutada sigue siendo una mala experiencia. Y muchas veces un sistema simple, pero bien afinado, puede resultar muchísimo más placentero que un juguete cargado de funciones, motores y efectos que luego parece más una atracción de feria que un producto realmente bien diseñado.
Conclusión
Cuando has probado cientos de juguetes a lo largo de los años, hay una cosa que acabas entendiendo bastante rápido: el placer no depende únicamente de la potencia.
De hecho, como ya os he repetido varias veces durante toda esta entrada, una estimulación exageradamente agresiva y descontrolada muchas veces puede generar exactamente el efecto contrario.
Nos hemos acostumbrado a la respuesta inmediata. A la comida rápida, a consumir deprisa, a las prendas baratas que duran dos lavados y a productos diseñados únicamente para impresionar durante los primeros segundos.
Y sinceramente, no me parece mal, pero igual que probablemente no basarías toda tu alimentación en comida ultraprocesada, tampoco creo que debamos acostumbrar nuestro cuerpo únicamente a este tipo de estimulación rápida, superficial y agresiva.
Porque cuando empiezas a probar productos realmente bien diseñados entiendes que el placer también tiene muchísimo que ver con:
- la construcción de la sensación,
- el control,
- la profundidad,
- la progresión,
- y cómo responde el cuerpo a todo eso.
Con este artículo, como decía al principio, no pretendo sentar cátedra o convertir esto en una clase técnica. Simplemente quería que entendieseis un poco mejor por qué no todos los juguetes son iguales aunque desde fuera puedan parecerlo.
Pero sobre todo, quería que empezáramos a valorar los productos más allá del numero de modos, la potencia o el marketing de la caja. Porque detrás de un buen juguete muchas veces hay muchísimo más diseño, ingeniería, investigación y trabajo del que parece.
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