Todo el mundo tiene alguna fantasía erótica. Hay quien tiene muchas y les resulta fácil identificarlas y hay quien le cuesta más encontrar las suyas. Algunos prefieren arriesgarse a llevarla a cabo a pesar de que el resultado no sea el idealizado y los hay que prefieren dejarlo siendo una fantasía y recrearse en cómo lo han imaginado. Están las fantasías de siempre, otras que se ponen de moda por diferentes motivos, las aceptadas socialmente y luego están las menos comunes incluso desconocidas.
Yo no soy de tener muchas fantasías y mucho menos comunes, pero sí había una muy marcada desde hace años. No sabría decir ni desde cuándo ni como llegué a descubrirla, pero me daba mucho morbo pensar en ella y yo tenía muy claro que lo que realmente quería era vivirla y disfrutarla. Hubo una ocasión que estuve a puntito de llevarla a cabo con mi pareja de entonces pero no recuerdo qué pasó que decidí aplazarla. Yo hago las cosas perfectas o no las hago y más cuando hablamos de disfrutar.
Me acabo de dar cuenta de que os estoy contando mi vida y aún no os he dicho de qué fantasía se trata así que allá voy: yo lo que quería probar era un Nantaimori, que básicamente se trata de comer sushi y/o sashimi sobre el cuerpo de un hombre, normalmente desnudo. Cuando se realiza sobre el cuerpo de una mujer se denomina Nyotaimori.

Realmente los orígenes de esta práctica no están muy claros pero creo que es evidente que provienen de país del sol naciente. La preparación de esta práctica conlleva una serie de pasos para que todo salga perfecto.
La persona sobre la que se va a colocar la comida deberá lavarse previamente con un jabón completamente neutro y con agua entre fría y tibia para así no alterar ni el sabor ni la temperatura del pescado y deberá estar completamente depilado. Un dato curioso es que la temperatura perfecta a la que se debe de comer el sushi se asemeja muchísimo a la temperatura media corporal de las personas. Una vez colocada la comida sobre el cuerpo hay dos formas de degustarla: usando los palillos tradicionales o directamente cogiendo la comida con la boca, esta última forma añade un punto mucho más sensual a la experiencia.

En la actualidad es una práctica muy extendida e incluso hay restaurantes que lo ofrecen como menú especial, pero también es cierto que en algunos países está mal visto hasta el punto de prohibirlo ya que hay quienes lo consideran una actividad denigrante para la persona sobre que la que se sirve la comida. Un día hablando con mi conejillo de Indias le comenté que me habían vuelto las ganas de probarlo y su respuesta fue: “Pon fecha”.
Él se encargó de la comida y bebida (qué es eso de comer un buen sushi sin un buen vino) y de preparar el espacio. Yo me encargué de los complementos, el material y del timming de la sesión. Lo íbamos a realizar de forma privada y con todas las medidas de seguridad pero los dos sabíamos que no iba a tratarse de una experiencia gastronómica sin más.
Cada día que pasaba se me ocurría algo distinto, lo que sí tenía claro es que además de vivir una experiencia sensual nueva quería que la estética fuese perfecta, así que pensé que colocando el sushi sobre unas hojas verdes resaltaría mucho más y quedaría más bonito. Además él llevaría máscara, plug y por supuesto un precioso mini cb que se compró nuevo y que aún yo no conocía.
Para no hacerlo muy extenso me centraré en lo que me trae aquí hoy y lo que pasó antes y después quedará para nosotros, que mi exhibicionismo tiene un límite.
Antes de pasar a la acción pensé que estar atado le ayudaría a permanecer quieto y relajado así que después de no coger una cuerda hace muchos años intenté tirar de recuerdos y le realicé una atadura de pecho con los brazos pegado al cuerpo y las piernas juntas. Una vez atado lo tumbé sobre un banco largo de madera tapado con una tela de polipiel negra. Las hojas que había comprado para colocar la comida las coloqué entre las cuerdas y una vez él estaba acomodado y todo estaba perfecto le coloqué la máscara de látex.
Era hora de colocar la comida y debo reconocer que me llevó mi tiempo. La mayor parte la coloqué repartida por el pecho y el resto de las piezas las puse entre las piernas muy pegadas a los genitales.
Aprovechando que a los dos nos gustan las sesiones fuertes y que tenemos una gran complicidad desde hace muchos años, para que no se aburriese mientras yo comía le puse unas pinzas de imán en los pezones, una vela sujeta por uno de los nudos inclinada por encima de los testículos,el cb metálico y el plug rotador que iba manejando con el mando remoto mientras yo disfrutaba de la velada.

Lo cierto es que en mi fantasía los comensales éramos varios y de hecho pensé que realizarlo yo solo podría ser algo aburrido pero nada que ver. Sentir cómo él intentaba estar completamente quieto a pesar de los imanes o la cera, disfrutar el ambiente que se creó con la luz tenue y la música, ver como la salsa de soja chorreaba por su cuerpo… Me resultó todo de lo más erótico y me hizo disfrutar muchísimo.

Una vez termine de comer, tardé un rato en desatarlo y lo dejé descansar un poco para que se recuperase. Un tiempo después recuperamos el ritmo pero eso también lo dejamos para nosotros.
Antes de terminar quisiera aclarar algunas cosas y es que una sesión tradicional de nantaimori o nyotaimori no tiene nada que ver con el BDSM. En este texto lo único que pretendo es describir una sesión personal y consensuada entre dos adultos en un lugar privado.
¡Comer sushi ya no ha vuelto a ser lo mismo!